Uno de los nuestros

Uno de los nuestros

Luis Enrique cierra su etapa como entrenador del primer equipo con la consecución de la Copa del Rey. Se marcha uno de los entrenadores más laureados de la historia del FC Barcelona tras tres años intensísimos impregnados por su espíritu ganador y exigente.

Una Champions League, dos Ligas; tres Copas del Rey, una Supercopa de España, una Supercopa de Europa y un Mundial de Clubes. Nadie le puede discutir al asturiano que su palmarés como míster del FC Barcelona es más que notable. Con la consecución de un triplete durante el primer año y un doblete durante el segundo su figura pasa a formar parte del selecto grupo de entrenadores ganadores que explican la grandeza del FC Barcelona. Tras tres años al frente y con una trayectoria descendente a nivel de títulos y de juego Luis Enrique achaca al desgaste su decisión de irse.

Su marcha guarda paralelismos con la de Guardiola en el fondo aunque no en la forma. Ambos acusaron el desgaste físico y mental que supone la silla eléctrica del banquillo culé. El deterioro físico de ambos desde su presentación hasta su marcha es evidente. Ambos dejan entrever que las relaciones con los jugadores son delicadas y se marchan antes de que los tambores se tornen en guerra. Pero a Guardiola se le reconoció una forma de entender el fútbol pura y cristalina, se entendió que dejaba un legado, un libro de juego implantado en el césped del Camp Nou. Una idea que era el origen de los éxitos. El juego era suyo y por tanto los títulos eran la consecuencia de su modus operandi. Era el Barça de Guardiola, el del Viva la Vida de Coldplay, el de “si ganáis seréis eternos”, el del sextete  y las humillaciones al eterno rival.

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¿Qué nos queda del Barça de Luis Enrique? El asturiano tiene pocos amigos, nunca lo pretendió, vino para ser un líder y dejar impronta en los jugadores. Y para hacer lo que fuera para ganar. Incluso modificar en gran parte los preceptos, al parecer sagrados, del Guardiolismo. Luis Enrique trabajó para hacer realidad las voces culés que pedían nuevas versiones del juego culé. ¿Qué hacer ante una defensa de balonmano? ¿Es necesario hacer 50 pases antes de chutar? ¿Qué es eso del contraataque?  Luis Enrique ha sido un entrenador tremendamente valiente porque ha sido fiel a sus ideas aunque eso supusiera ir en contra de lo establecido. Porque eso es lo que necesitaba el equipo. Mutar, cambiar y sorprender a los adversarios que instalaban líneas regulares de autobuses en Can Barça y hacían intensivos sobre el contraataque para competir al Barça de Guardiola.

Luis Enrique sacudió al equipo tras el inefable Tata Martino y alejó las tinieblas que se cernían sobre el Fc Barcelona. Levantó al equipo y lo dotó de nuevas armas con las que jugar a fútbol. Contraataque, pases en largo, desequilibrio individual por bandas, defender el resultado si era necesario. Había vida más allá del Cruyffismo. Y más importante todavía. Una nueva forma de ganar títulos. Los títulos eran lo que aplacaba a las fieras del pensamiento único. Cuando el palmarés empezó a menguar y el equipo bajó el rendimiento se abrió la veda. El final de la segunda temporada trajo una eliminación en Champions en cuartos, una Liga ganada in-extremis y una nueva Copa de Rey. La remodelación de la plantilla, 122 millones de euros de por medio, buscaba refrescar el ambiente y dotar de un fondo de armario para proteger a los titulares de la exigencia de los meses más duros (enero y febrero) pero el fracaso ha sido importante.

Messi y Neymar claves en el Barça de Luis Enrique

Messi y Neymar claves en el Barça de Luis Enrique

Aunque Luis Enrique ha defendido a capa y espada su plantilla 16/17 es evidente que el rendimiento ha sido el peor de la era Luis Enrique. Solo Umtiti ha sido titular potencial. El resto de jugadores han estado verdes, desacertados, lesionados, inconsistentes y por debajo del nivel necesario en un Barça que desde hace 10 años aspira a ganarlo todo.

Luis Enrique se marcha con el agradecimiento de la masa culé por el palmarés conseguido pero sin atisbos de admiración aunque el asturiano se ha vaciado en el banquillo. El tiempo, los años,  el paso de los próximos entrenadores dirán si se ha sido injusto con Luis Enrique. Se ha destacado su carácter arisco por encima de sus capacidades como entrenador porque a sectores del pensamiento único le ha interesado. Los ismos, que tanto daño han hecho al club, más incluso que las grandes derrotas en las competiciones, se han dedicado a minimizar los éxitos de Luis Enrique justificando la gloria desde la clase de Messi. Olvidan que ese mismo argentino vivió sus mejores años como futbolista con Guardiola, Vilanova  y Tata Martino. Más que de entrenadores deberíamos hablar de la Era Messi. Por suerte, Luis Enrique ha intentado desmarcarse de estas corrientes de pensamiento que dividen al club desde hace 30 años. Porque el asturiano, por encima de todo, es un culé declarado. Siempre ha hecho gala de su barcelonismo y ha defendido al club y a los jugadores a capa y espada. Es el entrenador del segundo triplete, del 0-4 y el 2-3 en el Bernabéu, y el tercero en toda la historia en ser campeón de Europa. Inmaginen conseguir todo esto con el equipo que mueve sus emociones. Luis Enrique ya tiene todo eso. Eso no se lo puede arrebatar nadie. Siempre será uno de los nuestros.

Alex Blanco

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Redactor del FC Barcelona y amante del fútbol viviendo en Badalona y con el corazón dividido entre Brighton y New York. Me podéis seguir en @alexblancobdn
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