El Puto Amo

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Tras algunos meses sin escribir por razones personales, hoy ya tocaba. Sobre todo, por el acontecimiento que hemos vivido estas semanas. Si por el título de este pequeño artículo de opinión me tacháis de Alonsista, es vuestra opinión y no la mía. Pero bueno, opiniones a parte, vamos al turrón y a intentar explicaros el porqué de ese título.

Hace poco más de un mes, Fernando Alonso y Zak Brown, CEO de McLaren, nos sorprendieron anunciando que el asturiano iba a tomar parte este año en las 500 millas de Indianápolis. Acostumbrado a ver las carreras europeas, así lo llaman los Yankees, tuve que mentalizarme para ver una carrera de coches dando vueltas a un óvalo (rectangular) durante cuatro horas, lo más aburrido del mundo oye. Os recomiendo ver la carrera de Fontana del año 2015 si es el caso, así me lo aconsejó un compañero experto en la materia. Aquí fue cuando pensé que esto molaba bastante y que podía ser divertido ver a Fernando peleando por la segunda de las tres grandes coronas del Automovilismo (GP de Mónaco, 500 millas de Indianápolis y 24 Horas de Le Mans).

Y llegó el día, Alonso se subió a su Dallara DW12 motorizado por Honda, de color naranja butano y luciendo un dorsal azul con el número 29 tras ni siquiera empezar el Gran Premio de Rusia. Fue en un test privado obligatorio para superar un pequeño examen específico para los novatos en las 500. Tarde redonda y examen superado con tranquilidad. Al asturiano aún le faltaba ritmo, pero fue capaz de marcar unas velocidades propias de mitad de parrilla. Tiempo al tiempo…El ritmo durante los entrenamientos libres de la semana pasada fue subiendo, hasta que de repente, en el Fast Friday, Alonso estaba en el top 5 con Sato y Montoya, regresando al año 2004 en esos instantes. Tras esto siguió un fin de semana impecable, logrando entrar en el selecto grupo del Fast 9 y clasificando en segunda fila.

Si en algo somos muy buenos los demás españoles es en la envidia, porque es muy fácil dar 4 vueltas a fondo en un circuito rectangular con 4 curvas, y superando a gordos americanos como Marco Andretti, Will Power (ups, este es australiano), Ryan Hunter-Reay (o Hunter como he leído en demás medios) y a expilotos de F1 muy malos y acabadísimos como Takuma Sato (oh vaya, quedó por delante) y Juan Pablo Montoya. Pues sí señores, Fernando Alonso hizo todo esto habiendo rodado solamente unas 14 horas en un circuito y un coche completamente desconocidos. Y encima, quinto, como en la época de Ferrari. No tiene mérito ninguno.

Quizás con más ganas de aprender sobre el automovilismo, en sus diversas especialidades, y con menos envidia otro gallo cantaría y no se leerían tantas barbaridades. Aunque para barbaridades, el párrafo anterior. Cerrando la puerta a la envidia y abriéndola, de nuevo, al automovilismo; hablemos de la carrera.

Magnífico. Sensacional. Increíble. Pocos adjetivos me caben aquí para describir lo que vimos este domingo. Se pronosticaba lluvia y hacía viento, pero eso no fue problema para un Gran Fernando Alonso que peleó el liderato de la carrera con pesos pesados como Takuma Sato, Ryan-Hunter Reay, Alexander Rossi, un Scott Dixon muy duro hasta su desafortunado accidente… Todo esto tras una mala salida y haber caído hasta la undécima plaza. No entraré en detalles de la carrera, pero ver a Fernando líder de una prueba tan mítica y en su primer intento dice mucho de su nivel, aunque algunos lo cuestionen. Señores, no nos confundamos. Alonso es uno de los mejores pilotos de esta generación, y aún tiene cuerda para rato. Quien sí no tiene tanta cuerda es su fortuna y, sobre todo, los motoristas. Admitámoslo. A todos se nos cayó el alma al suelo cuando vimos el McLaren-Honda-Andretti humear en la recta principal.

Obviando esto, nos tenemos que levantar y aplaudir (como hizo un público muy entregado), aunque a muchos no les guste, ante lo que hemos vivido esta tarde desde nuestro sofá. Una carrera antológica, que pasará a los anales de la historia del automovilismo, pese a que muchos piensen que sólo era dar vueltas en círculos.

Acabo ya este artículo felicitando a los que son, para mí, los cuatro grandes ganadores de las 500 millas de Indianápolis 2017. Al ganador Takuma Sato, por una estrategia muy bien pensada y a la altura de las circunstancias además de luchar hasta la bandera a cuadros cuerpo a cuerpo con un rival tan fuerte como Hélio Castroneves; a la propia IndyCar, nos ha abierto los ojos en Europa de cómo se tiene que retransmitir una carrera y que pese a ser una mierda de competición de dar vueltas en círculos hemos vibrado como nunca; por supuesto toca felicitar a Fernando Alonso, un señor que hace exactamente 25 días conocía por primera vez el trazado y el coche y durante tres quintas partes de la carrera ha peleado hasta que la mecánica ha dicho basta. No me puedo olvidar de Oriol Servià, que ha ido de menos a más durante el mes y hoy ha remontado hasta los puestos de liderato hasta un pequeño encontronazo en una resalida.

Sato, ganador de la edición 101 de las 500 millas de Indianápolis

Y esto es todo por este año. Volveremos el año que viene, porque lo de este año ha sido sumamente increíble. Mucha emoción, pese a que algunos “aficionados” no lo quieran reconocer (a saber, por qué). Tardes históricas como la de hoy probablemente no se repitan, pero les prometo que ahí estaré para vivirlo y contároslo.

 500 millas, te echaremos de menos.

Juan Navarro
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Juan Navarro

Subdirector y jefe de sección de Fórmula E. Redactor at Falso9Sports
Desde "Sa Roqueta" (Mallorca). Estudiante de Ingeniería Telemática. Fan de la Fórmula 1, la Fórmula E y el Mundial de Resistencia (WEC). Creador de "Fórmula E Info", tu canal sobre Fórmula E en YouTube.
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