Se retiró Juan Román Riquelme

Se retiró Juan Román Riquelme

El año futbolístico en la Argentina apenas comienza a dar sus primeros pasos y ya recibió su primera noticia fuerte: Juan Román Riquelme anunció su retiro del fútbol. Tras lograr el ascenso con Argentinos Juniors y quedar “a mano” según sus palabras, el mítico jugador de Boca Juniors, Barcelona y Villarreal decidió rechazar ofertas de otros países y colgar los botines. Un pequeño homenaje a tan grande jugador en las siguientes líneas.

¿Qué es lo que hizo de Juan Román Riquelme un jugador único? Podríamos hablar de sus virtudes estrictamente futbolísticas, pero sería reducir una figura a un aspecto meramente técnico. Aún en ese rubro, supo destacarse. Sobrarán en estos días las repeticiones de aquellas, como el famoso caño a Yepes (hecho en un superclásico), su partido vs el Real Madrid en el 2001, sus mejores momentos en el Villarreal, el Barcelona o la selección Argentina, o aquella Copa Libertadores del 2007 dónde mostró su rendimiento mas alto, y la lista podría seguir.

Si nos atenemos a lo que sucede nada mas en un campo de juego, Riquelme era un jugador hecho para ver, no para describir. Tenía la frialdad y la precisión a la hora de ejecutar un movimiento de un cirujano, pero también la delicadeza y la percepción de un artista para concebirlos. En un fútbol donde cada vez prima más el vértigo y la velocidad en las piernas, Román suplía esa carencia con una velocidad y claridad mental que ninguno de los otros jugadores tenía. “En la cancha veo todo” decía, y era así, siempre tomaba la decisión correcta. Su lectura del juego era junto a su técnica, su mejor aliada. Saber qué hacer y cuándo, donde ubicarse, en qué momento dar el pase, en que momento patear al arco, cuando avanzar y cuando retroceder. Todas cuestiones que la técnica por si sola no brindan. Riquelme no sólo jugaba al fútbol, lo construía en cada partido. Esa era su mayor virtud y diferencia. Tenía aquello único que pocos jugadores en la historia tienen: Con su sola presencia determinaba el estilo de juego de su equipo. Riquelme, en última instancia, no era sólo un jugador: era una idea.

La grandeza de Román está inscripta en las ideas que representaba tanto dentro como fuera de la cancha. La primera idea que representaba era la del enganche. Ser el enganche de un equipo es mas que ser aquel jugador encargado de asistir a los delanteros. Con el paso del tiempo, y mas después de Maradona, ser el enganche era ser el líder futbolístico del equipo. ¿Quién marca los tiempos dentro de la cancha? ¿La orientación del ataque? ¿Quién se hace cargo de todas las pelotas paradas? ¿Quién está obligado a estar presente en cada jugada y hacer valer su peso? Riquelme respondía a todas esas preguntas en un campo de juego, pero afuera también. Era el líder indiscutido, para bien o para mal. El representa al equipo, en sus éxitos y en sus fracasos. La presión siempre recae sobre él. Los conflictos en un vestuario lo tienen como foco central, la relación del jugador con el entrenador, en este caso, es particular. El enganche tiene poder. Poder sobre la pelota, pero también poder sobre sus compañeros, sobre los rivales, sobre los hinchas, y hasta sobre el árbitro y el entrenador. Quizás por eso hoy se dice “se fue el último enganche”. No sólo es una posición “incómoda” para el fútbol moderno, sino que tamaña responsabilidad no es para cualquiera. Y Riquelme siempre estuvo dispuesto a llevar ese peso. Y no es casual que su paso por el Barcelona, quizás su mayor fracaso futbolístico, haya estado signado por la incompatibilidad de su estilo con el del entrenador en su momento.

Pero Riquelme no solo era El Enganche. Era el Enganche de Boca. Y por eso hay una porción de los aficionados del fútbol que lo llora mas que otros. Riquelme siempre fue hincha del club, y aunque no haya hecho inferiores, debutó profesionalmente en el mismo tras llegar de Argentinos Juniors. Su debut, en 1996 y ante Unión de Santa Fe en La Bombonera (o el patio de su casa, como él la llama), fue distinto al resto. A partir de ahí se creó un vínculo con la hinchada que no hizo si no acrecentarse. Con Boca lo ganó todo: Torneos locales, la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental. Y varias veces. No quería irse nunca del club, pero lo vendieron (casi contra su voluntad), y así como se fue, apenas pudo volvió.

Y así, la figura de Román se fue agigantando en el club. Con el paso del tiempo, Riquelme no era solo un jugador. Era un grito de guerra cuando no estaba y las cosas no estaban bien. Era un nombre incómodo para dirigentes y jugadores que lo tenían del otro lado. Era decir en una entrevista como debían jugar las inferiores de Boca, o defender la identidad del club, sus colores, su cancha, aún cuando la misma dirigencia que lo expulsó quería -y quiere- cambiar esos símbolos. Es también el que nunca quiso arreglar con aquellos violentos que lucran con la pasión ajena. Riquelme era el enganche de Boca cuando jugaba, sí, pero también lo era cuando hablaba con la prensa (con la misma sutileza y claridad que cuando juega), cuando se relacionaba con los hinchas, con dirigentes o con otros riveles. Eso es ser el enganche de Boca, y por eso Boca no puede reemplazarlo.

Quizás esta identidad que tiene con Boca es la que lo hizo dejar el fútbol: Si no era en Boca, no quería jugar en ningún lado. Y también nos habla de su futuro. Dijo: “Entrenador no voy a ser, quizás presidente”. Y ahí se hace carne la esencia del enganche. Ya sin poder ser la idea de su equipo dentro la cancha, sólo queda un lugar dónde poder seguir representando al club. Por esto, y por mucho mas, el retiro de Riquelme no es sólo el final de la carrera de un gran jugador. Se cerró una época en el fútbol argentino. Esperemos que el diez “sea feliz” con su nueva vida, nadie lo merece mas que él.

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Nahuel Lanzón

Argentino, 26 años. Estudiante de Filosofía. Analista del Fútbol.
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