Historia del Calcio

Historia del Calcio

Mi primer Mundial fue USA 94. Ya había tenido tiempo de deleitarme con aquel menudo delantero de dibujos animados que hacia diabluras en Barcelona, también con su pareja de baile, que en la otra parte de la península elevaba a un equipo que hasta ese momento nunca había sido grande. Mi padre me contaba que el mejor jugador de la historia, ya venido a menos, también estaría presente en suelo americano, aunque lamentablemente duró poco, y, en ese momento yo aún no sabía que siempre nos íbamos a casa en cuartos.

Así que, con este contexto me encontraba ante el mayor acontecimiento deportivo que había vivido hasta ese momento (con el permiso de un vago recuerdo de las Olimpiadas de Barcelona). Recuerdo las lágrimas de todo un país, en la que fue la primera de mis decepciones con la selección, continuadas a lo largo de los siguientes mundiales y subsanadas por fin con el gol de Andrés. Recuerdo a un genio holandés, cuya carrera quedó marcada precisamente en ese viaje; y recuerdo una de las historias más trágicas de la historia del fútbol.

Pero sobretodo, recuerdo que fue en esas noches del verano de 1994 cuando descubrí a Baggio.

La Gazzetta dello Sport publica esta semana, previa al inicio de la temporada del Calcio, una encuesta sobre el mejor jugador de la historia del país transalpino. Si bien en una primera votación llevada a cabo por los redactores del periódico, el premio fue para Gianni Rivera, al abrir la votación al pueblo el resultado fue apabullante a favor del Divino Codino.

Las calles de Caldogno, pequeña localidad de la provincia de Vicenza, de poco más de 10.000 habitantes, vieron pegar las primeras patadas a un balón al joven Baggio. Su primer entrenador, Pietro Zenere, llegó a castigarlo varias veces por no pasar el balón a sus compañeros.

- “Quieres jugar?” –“ Sí”. – “Vale, pero haz lo que yo te diga”.

Lejos de obedecer, Roby marcó 7 goles, le dio la mano y se fue del campo. Y es que así era el juego de Roberto, anárquico, individualista, improvisado, poco dado a los rigores del Calcio, lo cual le costó ser apartado en varias ocasiones por entrenadores que no daban cabida a un jugador así en su esquema. Baggio jugaba para divertirse, pero es que su diversión ganaba partidos.

Roberto_Baggio_-_Lanerossi_Vicenza

Con 14 años, y por 50.000 pesetas, fichó por el club más importante de la región, el Vicenza, que en aquel entonces jugaba en Serie C, y, en su tercera temporada, con apenas 17 años, lideró al equipo para llevarlo a Serie B. Tal fue su impacto, que en 1985, un equipo de nivel medio-alto de la máxima categoría como la Fiorentina puso sus ojos en el joven Baggio.

Pero en su último partido con el Vicenza empezó un calvario que marcó toda su carrera, las lesiones, corre el minuto 8 de partido, y tras haber marcado poco antes el 1-0 para su equipo, Baggio presiona en el centro del campo un ataque del Rimini entrenado por Arrigo Sachi, pero la rodilla derecha no sigue al resto del cuerpo, en un mal giro se rompe el cruzado anterior, ligamento colateral y menisco; una lesión que según el propio Baggio lo mermó durante toda su carrera.

En Florencia pasa casi dos temporadas completas recuperándose de su lesión, pero en la temporada 87/88 empieza a dejar destellos de su clase cada vez que salta al campo y se gana un sitio en el once viola, las dos siguientes temporadas son un escándalo, 15 y 17 goles en Serie A, sólo superado por los 19 de un tal Van Basten en su segunda temporada. Baggio deleita con su fútbol a una ciudad acostumbrada al buen gusto (no hay como dar un paseo por sus calles para comprobarlo), con absoluta libertad para moverse por el campo, algo así como Messi en el Barça, la posición de Baggio es difícil definir, Platini lo define como un 9 y medio, ya que tiene cosas de finalizador letal y cosas de enganche, o trequartista como llaman en Italia. Sus goles recibiendo en el centro del campo y driblando cada rival que se le pone por delante están al alcance de muy pocos, haciendo algunos goles, como éste en casa del propio Maradona, que bien hubiesen firmado los dos astros argentinos más relevantes que ha dado este deporte. A ese regate imparable, tanto en parado como en carrera, Baggio le suma visión de juego, capacidad para repartir todo tipo de asistencias y un exquisito golpeo de balón, tanto en movimiento como a balón parado.

resize_roberto-baggio-nel-1989_original-2En la temporada 89/90 lleva a la Fiorentina a jugar la final de la Copa de la Uefa ante la Juventus, pero Baggio no será en esa final el mismo jugador que lideró al conjunto viola en las eliminatorias anteriores. El día siguiente de la final, Flavio Pontello, presidente de la Fiore anuncia el traspaso del ídolo de los tifosi a la propia Juventus, que, 24 horas antes les privó del sueño europeo.

El traspaso, por el equivalente a unos 10 millones de euros, se convierte en la cifra más alta de la historia hasta ese momento, pero eso poco parece importarle a los aficionados viola, que ven como, el mejor jugador de su historia, es vendido, prácticamente contra su voluntad, a su máximo rival. Las calles de Florencia ardían esa mañana del 17 de Mayo de 1990.

Y es que Baggio siempre declaró que no quería abandonar Florencia. “ Por qué la Juventus? Porque lo ha decidido el presidente, no me ha dado otra alternativa” declaraba en rueda de prensa.

Tras esto, Baggio se marchó con la selección italiana a disputar el que sería el primero de sus 3 mundiales, el de 1990 disputado en casa. En aquel mundial sería suplente, para el técnico los titulares eran Vialli y Carnevale, si bien, en el tercer partido, con Italia ya clasificada, dejó esta maravilla ante Checoslovaquia. Curiosamente, el héroe de Italia en aquel mundial sería otro suplente, Totò Schillaci, máximo goleador de un campeonato que acabó con la selección azzurra en tercera posición tras caer en semifinales ante la argentina de Maradona en la tanda de penaltis (Baggio anotó el suyo).

En la Juventus Baggio no entró con buen pie, su rechazo a dejar Florencia no sentó bien a los tifosi bianconeri, el máximo exponente de esta relación de amor-odio se vio precisamente en su primer partido en Florencia, Roby, el especialista del equipo, se niega a lanzar un penalti alegando que el portero, Mareggini lo conocía demasiado; y una vez es sustituido recoge y besa una bufanda de la Fiore que le lanzan desde la grada. De Agostini falló el penalti, y la Fiore venció aquel partido por 1-0.

Pese a esto, el extinto Stadio Delle Alpi ve los mejores años de la carrera de Baggio. A una mala primera temporada del equipo, quedando séptimos en liga (aunque alcanzando las semifinales de la Recopa de Europa, torneo en el que fue el máximo goleador), le siguió una segunda en la que la Juve queda segunda por detrás del Milán de los holandeses, con 18 goles vuelve a ser el segundo máximo realizador del campeonato, nuevamente superado por Van Basten, y se convierte en el líder y capitán del equipo que se clasifica para la siguiente edición de la Copa de la Uefa. Es precisamente este torneo, el que otorga relevancia internacional a Baggio, con la que probablemente fuese la mejor temporada de su carrera, llevó a los turineses a la final, a doble partido, ante el Bosrussia Dortmund. El de Caldogno brilló de manera especial en aquella final, con dos tantos en el partido de ida (3-1 en Turín) y una actuación soberbia en la vuelta para ganar el primer y único título de su carrera a nivel internacional.

Ganador del balón del año 1993, un nuevo subcampeonato en la temporada 93/94 nos lleva al citado mundial del 94, con Baggio convertido en la gran estrella de la selección italiana.

Baggio

La primera fase de Italia, como suele ser habitual, fue un desastre, en un grupo con Irlanda, Noruega y México, la selección azzurra terminó pasando como uno de los mejores terceros, con un Baggio desaparecido y peleado con su entrenador, Sacchi, quien lo sustituyó en el minuto 22 de partido ante Noruega tras la expulsión de Pagliuca para sorpresa general.

En los octavos, ante Nigeria, Amunike, de quien las gradas de la liga española todavía se acuerdan cada vez que las visita el Barça de Luis Enrique, marcó el 1-0, y en el minuto 88 Italia estaba eliminada y desquiciada. Hasta que apareció Baggio, no fue su mejor gol en ese mundial, pero sí el más decisivo, el que cambió su suerte y la Italia en tierras americanas. Recogió un pase Mussi en la frontal del área para colocarlo suave y raso a la base del poste derecho, nada pudo hacer el portero nigeriano. Posteriormente, en la prórroga, el mismo Baggio hacía el 2-1 al convertir un penalti cometido sobre Benarrivo.

En cuartos de final esperaba la España de Clemente, el partido es de ingrato recuerdo para los intereses españoles, un partido en el que la selección española fue claramente superior, igualando al cuarto de hora de la segunda parte el tanto inicial de Dino Baggio por medio del colchonero Caminero, para someter a los italianos durante gran parte de la segunda parte, pero el segundo gol no llegó, a pesar de que Julio Salinas lo tuvo en sus botas. Y a falta de 3 minutos apareció de nuevo Baggio en la única contra de los italianos en todo el segundo tiempo, pero eso bastó, tenían al mejor jugador del momento, y nosotros nos conformábamos con el voluntarioso jugador del Barça de Cruyff. Después vino lo de Tassotti.

En semifinales, ante una Bulgaria liderada por Hristo Stoichkov, dos goles suyos llevaban a Italia a la final, Baggio, prácticamente sólo, había clasificado a una selección con un juego bastante pobre a pesar de sus nombres, para disputar la gran final ante la Brasil de Romario y Bebeto.

Pero el fútbol fue cruel con Roby, tras una final pobre y aburrida, los penaltis, inventados en 1962 por el español Rafael Ballester para decidir el prestigioso trofeo gaditano Ramón de Carranza, iban a decidir el campeón del mundo por primera vez en la historia.

Baggio, que hasta ese momento había anotado los 7 lanzamientos que había realizado con la maglia italiana, mandó el suyo al cielo de Pasadena. Taffarel saltaba como un loco, y Robbie, inmóvil, con las manos sobre las rodillas, recoge el peso de la historia, que lo recordará injustamente por ese instante, el instante en que un fallo desde los 11 metros privó de la gloria a uno de los mejores jugadores que ha dado este deporte.

Soccer - 1994 FIFA World Cup - Final - Brazil v Italy - Rose Bowl, Pasadena

Baggio novolvió a ser el mismo tras el Mundial, la pesadilla del penalti lo acompañó el resto de su carrera, esto unido a una plaga de lesiones interminable nos privó de volver a ver al jugador de 1994. A su regreso a Turín, una grave lesión, otra vez de rodilla, lo mantuvo apartado 5 meses, tiempo en el cual, el técnico Marcello Lippi, poco amante de las alegrías ofensivas, le entregó el equipo a la nueva perla juventina, Alessandro Del Pie
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. A su vuelta, no había espacio para los dos genios. Pese a esto, Baggio ganó su primera liga italiana, en la temporada 94/95, para poner rumbo al equipo que le había privado de este placer en sus mejores años, el AC Milan.

Pese a una buena primera temporada, en la que ganó su segundo y último Scudetto, a sus casi 30 años, Baggio tampoco enamoraba ni a Capello primero, ni a Tabarez después, y mucho menos a Sacchi, por lo que tras la llegada de este decidió que era momento de buscar un nuevo destino.

Su siguiente parada fue Bolonia, para muchos era la demostración de que Roberto estaba apartado definitivamente de la élite del calcio, pero Roby tenía otros planes. Estaba decidido a jugar el Mundial de 1998 para resarcirse de la experiencia americana. Su temporada en Bolonia fue para enmarcar, con 22 goles, la mejor marca de su carrera, clasificó al Bolonia para disputar la siguiente edición de la Copa de la Uefa.


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Italia era un clamor, aficionados y prensa clamaban por la presencia de Baggio en tierras francesas, así de Cesare Maldini no tuvo más remedio que incluirlo en la lista. Incluso fue titular en algunos partidos, ya que la gran estrella de esa selección, el jugador que le había heredado el 10 de la Juventus, no llegaba en buen estado. Pero cuando estuvo fue titular, nuevamente no cabían dos fantasistas en un once de Italia. Lo sufrieron Mazzola y Rivera, lo sufrieron Baggio y Del Piero, y también el propio Del Piero y Totti. En el rigor táctico del fútbol italiano no hay cabida par dar libertad a más de un jugador. Italia y Baggio, que volvió a marcar el suyo, cayeron en cuartos, otra vez por penaltis, ante la Francia de Zidane.

Con todo el mundial del 98 del de Caldogno no fue nada malo, llevándole a fichar por un Inter de Milán que contaba con jugadores como Ronaldo, Simeone, Zamorano o Djorkaeff. El proyecto de Luigi Simone fue un desastre, terminando octavo la temporada y siendo sustituido por un viejo conocido de Baggio, Marcello Lippi, para el que esta vez tampoco contó.

A sus 33 años, y convencido por el propio entrenador, Carlo Mazzone, Baggio firma por un Brescia cuyo objetivo principal era no descender de categoría. Con Mazzone, entrenador que, quizá sin saberlo jugó un papel decisivo en la historia del fútbol al retrasar a un joven Andrea Pirlo de la mediapunta a la posición de regista, precisamente para dar cabida a los dos genios, Baggio sí se entendió. Durante sus 4 temporadas con los lombardos, Roby rindió a un nivel excelente, y por el estadio Mario Rigamonti pasaron además de Pirlo y Baggio, jugadores de la talla de Guardiola o Luca Toni. En la temporada 2001/02, con 8 goles en las 9 primeras jornadas, y el Brescia liderando la clasificación de la Serie A, en Italia se empieza a hablar de una nueva convocatoria para disputar el que sería su cuarto mundial, pero una nueva lesión lo aparta prácticamente toda la temporada, volvió eso sí, a tiempo para salvar a un Brescia, que había caído hasta posiciones de descenso.

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En el minuto 88 de un Milan-Brescia que cierra el campeonato, un 16 de Mayo del año 2004, Mazzone retira a Baggio del campo, un San Siro completamente en pie, despide al mejor jugador italiano de todos los tiempos con emotivo e interminable aplauso que demuestra lo que fue Baggio para toda Italia, Maldini y Pirlo se abrazan a él a modo de despedida para cargar aún más la escena de contenido. El Brescia, su último club, club que ahora vaga por la Lego Pro en las catacumbas del fútbol italiano, retira el número 10 que vistió Roby el último día que pisó un terreno de juego. Baggio es Historia del Calcio, un jugador que se sobrepuso a lesiones, entrenadores y penaltis, situaciones que hubiesen acabado con la carrera de muchos otros, el fútbol no fue justo con Baggio, dos Scudettos, una Coppa y una Copa de la Uefa, extremadamente pobre para todo lo que él ofreció a cambio; pero como demuestra la encuesta de la Gazzetta, Roby se ganó un hueco en el corazón de los tifosi y de todo amante del fútbol, cómo aquel niñó que descubrió en aquel verano de 1994, que había fútbol más allá de nuestras fronteras, y que en el Calcio, amante del rigor y la táctica, siempre hay un hueco para los genios.

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