El Córdoba en un pozo (y con razón)

El Córdoba en un pozo (y con razón)

Después de muchas jornadas y tras muchas oportunidades de salir del pozo, el Córdoba sigue último de la clasificación, a nueve puntos del Almería, quien marca actualmente la línea que separa la Primera División del abismo de la Liga Adelante. Pero, ¿Por qué se encuentra tan sumamente hundido en la tabla?

Real Madrid CF v Cordoba CF - La Liga

Benzema rematando sin oposición un córner ante la pasividad de la defensa cordobesista

 

En algunos artículos publicados anteriormente hemos mencionado casi de soslayo algunas de las razones de este despropósito, pero hoy ahondaremos en la situación. Obviamente, ganar tres partidos de 31, en los que han marcado únicamente 21 goles, no es un buen aval para permanecer en la categoría. 19 puntos de 93 jugados tampoco. Pero aquí queremos ir un poco más allá, porque explicar la falta de puntos con la ausencia de victorias o la falta de gol es tan evidente como absurdo. Tampoco hablaremos de tópicos como el cansancio o la mala suerte, tan recurrentes en los análisis de tertulias de medianoche. Indagaremos en la entidad, en sus diferentes estamentos y, por supuesto, en su juego.

Para exponer el primer punto tenemos que remontarnos a tiempos pasados. Para que nos hagamos una idea de la gestión deportiva del Córdoba, debemos tener en cuenta que, del equipo que obtuvo el ascenso in extremis en Canarias, solo quedan los dos porteros, Gunino, Campabadal, Iago Bouzón, Abel, Luso y López Silva. Únicamente ocho jugadores, de los cuales se podría decir que habituales son cinco o seis como mucho. Si nos remontamos más todavía, al año del playoff con Paco Jémez, observamos que solo dos jugadores (Saizar y Abel Gómez) más Fede Vico están a día de hoy en la plantilla. De todo esto se puede deducir que el Córdoba nunca fue un proyecto serio, siempre se planificaron los objetivos a corto plazo (no más allá del final de una campaña) y en función de ello se adaptaron los contratos a los jugadores, quienes firmaban, como mucho, por dos años. No hubo afán de mimar un una columna vertebral que diera solidez a un proyecto con miras lejanas, quizá en parte, porque tampoco lo permita el presupuesto. Pero sin ese salto de calidad generalizado y una plantilla mínimamente compenetrada se hace complicado competir en cualquier categoría.

Esto, por supuesto, también se aplica al cuerpo técnico. Desde que Paco Jémez dijera adiós al Arcángel, no hace aún tres temporadas completas, han asumido el cargo Rafa Berges, Juan Eduardo Esnáider, Pablo Villanueva, Albert Ferrer, Miroslav Djukic y José Antonio Romero, actualmente en el cargo. A dos entrenadores por año sale Carlos González. Conoceréis a este último, ¿no? Sí, hombre, sí, el de los vídeos al Rey y a Artur Más. Pues bien, casi mejor que se dedique a youtuber, porque gestionar deportivamente un equipo parece que no es lo suyo.

Y ahora vayamos a lo que nos gusta: a lo que pasa en el césped. El mayor problema que vio Djukic cuando tomó posesión del cargo fue el de la solidez defensiva. Sin grandes especialistas en la posición (pues Crespo y Pantic, los habituales, son laterales de formación, y Deivid ha jugando únicamente en el centro del campo) y unos laterales con tendencia a proyectarse y con más sacrificio que oficio, la acción más repetida en su área, con permiso del gol en propia, es el despeje en el último instante. Esto se debe a que la mayoría de ataques los reciben por las bandas, pues en defensa posicional el Córdoba protege la frontal de su área acumulando muchos efectivos. Este método de defender tampoco ha beneficiado a los suyos, pues es el equipo que más goles ha recibido de cabeza junto al Almería (16 cada uno), y también el que más goles en jugadas de estrategia ha encajado (17). Diríamos que, cuando un lateral juega de central, suele demostrar cierta competencia a la hora de anticipar -suelen ser jugadores veloces-, pero el caso del Córdoba es extraño. La línea defensiva califal siempre se ubica muy atrás, muy cerca de su propia portería y nunca buscan la anticipación, quizá por miedo al error, . De hecho, cuando defiende en estático la línea suele colocarse a la altura del área pequeña. Los mediocentros también se ubican dentro del área, por delante de los centrales y el lateral contrario a la jugada, que bascula.

Cinco futbolistas del Córdoba protegiendo su área + uno en ayudas

En ataque, el único automatismo claro que hemos podido observar ha sido el descargue hacia Bebé. En banda derecha es seguro que te la va a retener y se va a marchar de algún defensor, lo cual otorga unos segundos preciosos para que el equipos suba líneas. Sin embargo, las ocasiones de gol quedan un poco expuestas al azar. Todo depende de un ensayo de Bebé, casi siempre a las nubes; de una genialidad de Fede Cartabia, que las reparte con cuentagotas; o de que Florin Andone cace en el área un balón de tantos que pelea. Como más jugadas “acaba” el Córdoba es con un centro lateral.  Todo ello sin mencionar que, salvo Andone, que saca algunos goles de la nada, hay una carencia flagrante de definición. Encima el mejor definidor del equipo, Ghilas, no deja de perderse partidos entre castigos y lesiones.

No obstante hay que decir que, pese a estar donde está, en la mayoría de partidos ha dado la cara. Si ha perdido tantos partidos es por la escasa calidad del plantel o por la mala gestión de la misma. Pese a todo hemos visto al Córdoba tramos con una circulación de balón decente, contragolpear con cierto peligro y que los bombazos de Bebé cada vez pegan más cerca. Sin embargo, es más frecuente todavía verlos flaquear hacia los minutos finales de ambas partes. En estos tramos el Córdoba ha recibido trece goles: cuatro en los últimos cinco minutos de la primera parte y nueve en los instantes definitivos de la segunda mitad (estadística vía @laligaennumeros). A falta de siete partidos para que acabe la temporada, parece complicado que el Córdoba sume, al menos, otros diecinueve puntos de treinta y cinco que quedan por jugarse.

 

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