Los valedores del estilo

Los valedores del estilo

La Eurocopa de Francia se presentaba como la oportunidad para, entre otras cosas, determinar si el tiquitaca había llegado a su ocaso. El éxito reciente de equipos como el Atlético de Madrid o el Leicester City, valiéndose de intensidad defensiva y solvencia en el contraataque, planteaba la disyuntiva entre aquellos que confían en el modelo que coronó al F.C. Barcelona y a España como sendos reyes del fútbol mundial y los que apuestan por el sacrificio y la efectividad.

A la espera de la gran final en París, es evidente que ya hay un ganador. Las selecciones preciosistas del torneo han ido cayendo una tras otra, más tarde o más temprano. España y Croacia perecieron ante el fútbol efectivo de Italia y Portugal sin que artistas del cuero como Iniesta o Modric pudieran hacer nada. Aguantó más Alemania, pero en la semifinal contra Francia pusieron el toque y no los goles. Bélgica, a medio camino entre la potencia y la calidad pero con capacidad para cargar con el peso de los partidos, no pudo hacer nada ante Gales, la revelación de la copa.

 

Francia y Portugal, cediendo el balón al rival y sentenciando en el contraataque, son finalistas del campeonato estival. Es cierto que Francia ha sido más solvente y ha ganado con menos sufrimiento que los lusos, pero al final ambos saldrán a Saint-Denis con el trofeo a pocos centímetros. Antoine Griezmann y Cristiano Ronaldo, además de contar con una tremebunda calidad, son velocistas del balompié y decisivos tras robar el esférico al rival.

Las revelaciones de la Eurocopa han sido, sin duda alguna, Gales e Islandia. Ninguna de las dos ha planteado un fútbol vistoso, sino eficaz. Y al fin y al cabo, pasa el equipo que logra más goles que el contrario, sin importar el medio. Si el Leicester tuviera selección, ambas serían serias candidatas a representar al campeón inglés por estilo y convicción. Los dragones rojos cuentan con uno de los mejores futbolistas del mundo, Gareth Bale, quien ha tirado del carro para plantar a su equipo en unas semifinales de Eurocopa tras 58 años sin acudir a una gran cita. El equipo ha rendido, pero el gran mérito es del futbolista del Real Madrid.

Islandia merece mención aparte. Su primera participación en una Eurocopa se ha saldado cayendo en unos más que meritorios cuartos de final ante la anfitriona. Francia hundió el barco vikingo en la primera mitad, pero no su moral, pues plantaron cara a les bleus hasta batir a Lloris dos veces (algo que nadie más ha hecho en todo el torneo). Su grito característico al final de cada partido, tan intimidatorio como admirado, no era más que una canción de cuna para mecer a su afición y no despertar del sueño. Morfeo fue considerado, no así Francia. Los de Aron Gunnarsson, capitán islandés, pelearon hasta el final por acabar con el imperio del fútbol moderno.

 

Todos ellos tienen en común su apuesta por un fútbol menos vistoso que el que alzó a España como campeona por tres veces consecutivas en aquel ciclo histórico Eurocopa-Mundial-Eurocopa. Con Alemania fuera del torneo, la hazaña española tiene más mérito si cabe. Precisamente fue la competición continental de selecciones en 2008 la que asentó al tiquitaca como modelo imperante y de éxito, además de los comentarios del excelso Andrés Montes, que en paz descanse. Esta Eurocopa, a la vista de los resultados, puede ser su fin. Evitarlo será tarea de sus valedores. Porque sí, los tiene.

No solo España o Alemania tienen que seguir apostando por un modelo que les ha funcionado y que, con los futbolistas que predominan en ambos países, es el más eficaz. Los jugadores del Barça, el Bayern de Múnich o el Manchester City (ahora que es Pep Guardiola quien les entrena) tienen en sus botas la responsabilidad de ejercer como defensores de un estilo que honra al fútbol. La épica, los giros inesperados y las injusticias crean ese aura mística que tiene este deporte, pero es el fútbol de combinación el que lo eleva a la categoría de espectáculo.

 

Renovarse o morir. De Luis Enrique se espera que sea capaz de hacer que el fútbol preciosista pero efectivo sea una publicación semanal para los aficionados culés. Carlo Ancelotti tiene en su mano continuar con el modelo de Guardiola sin dejar de impregnar al equipo con su propio sello. Y precisamente Pep, gran promotor del legado del fallecido Cruyff, es quien debe renovar los conceptos que planteó en Barcelona y Múnich, pero ahora en el Etihad Stadium.

La responsabilidad es enorme, pues este año puede recordarse como el del fin del tiquitaca (al menos durante un tiempo) o como la reinvención del mismo para seguir dominando y siendo admirado. La presión de los resultados no puede superar a los ideales y más cuando estos brindan admiración, títulos y una hegemonía de leyenda. «Solo ganamos tres puntos, pero el cómo queda para siempre», dijo Guardiola tras el 5-0 frente al Real Madrid en el Camp Nou. Palabra de Pep.

Israel Mallén
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Estudiante de Periodismo en la UJI | Redactor de @Vavelcom y @falso9sports | Escribo sobre videojuegos en @Nintenderos | Twitter: @Mallendary |
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