¡Orgullo, valor y garra!

¡Orgullo, valor y garra!

Este Real Oviedo cada vez deja más que desear. Lo de Palamós ha sido el ofrecer la enésima imagen lamentable de la temporada lejos de la que es nuestra casa, el Tartiere. No solo una imagen lamentable, sino que ha sido una tremenda decepción y que, por lo menos a un servidor, le ha vaciado prácticamente la mayoría de ilusión que tenía para esta temporada.

Toché   Una temporada cuya evolución ha ido de más a menos y parece que puede ir incluso a mucho menos. Ojalá no sea así y veamos al Real Oviedo luchar por algo serio en los próximos partidos. Sí, todos sabemos que no deberíamos mirar atrás y pensar en Sergio Egea, pero créanme, me es inevitable. Desde que “el míster” se marchó no he vuelto a ver al Oviedo que nos ilusionó a todos. A nuestro Oviedín.

¿Dónde quedó aquel equipo que se vaciaba dentro del terreno de juego? ¿Dónde quedaron aquellos jugadores que enamoraban a su afición? ¿Dónde quedó aquel Oviedo que temían, no todos, pero sí la mayoría? Pero sobre todo, ¿dónde quedó aquel juego azul que ilusionó a toda una afición? Creo que gran parte de esta ilusión por los jugadores se quedó en aquel, lejano ya, 14 de marzo. Muchos de nosotros vimos como se despedía una parte de nosotros mismos, unos valores que compartíamos y veíamos marchar al capitán que llevaba el barco al puerto que nos correspondía, que nos corresponde.

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Desde que el argentino se marchó, el Oviedo no ha sido el de antes en prácticamente ningún partido. Por supuesto, existe la excepción y fue nuestro 90 cumpleaños. Quizás la situación sería otra de no haber ganado aquel partido. Ni de lejos se parece esta versión al Oviedo que estuvo doce partidos invicto, al Oviedo que le plantó cara y puso contra las cuerdas al que por aquel entonces era líder indiscutible (Alavés), al Oviedo que remontó aquel partido en Miranda del que se va a cumplir este fin de semana una vuelta.

Creo, y digo creo porque probablemente haya aficionados que no estén de acuerdo conmigo, que desde hace varias fechas no me siento identificado con al muchos de los jugadores que llevan ese escudo en el pecho jornada tras jornada. No me siento identificado por la poca ambición que muestran. Sí, esa palabra que según Generelo tienen muy presente. Creo que el que es nuestro entrenador no conoce el significado de ambición o en realidad no la tienen presente.

Estimado Generelo, llegaste a nuestras filas la temporada pasada y gran parte de ella desafortunadamente la pasaste lesionado. Pese a ello, lo poco que jugaste lo diste todo por nuestro escudo, pero creo que no llegaste a comprender lo que hemos pasado estos trece años en el barro. Es fácil llegar a un club con un gran respaldo económico y conseguir el ascenso al fútbol profesional en tu primera temporada en el club, pero créeme que hemos pasado mucho (yo no tanto) hasta que llegó ese momento.

No es fácil hacerse cargo de una plantilla como la del Real Oviedo, y mucho menos dejando el listón como lo dejó Egea. Pero, llegando a falta de pocos partidos como llegaste, es prácticamente imposible que los jugadores, por mucho que os conozcáis, lleven a la práctica tus ideas. Sin ser entrenador, ni tener conocimientos para ello, en mi humilde opinión creo que hubiese sido mejor corregir los fallos que había -que no podía haber tantos al ir terceros- y continuar con el estilo que se llevaba practicando toda la campaña. Simple y llanamente porque quizás cuando los jugadores sepan a lo que quieres jugar, ya se haya acabado la temporada.

Actualmente pocos jugadores de la plantilla del Real Oviedo, salvando a los Cervero, Esteban, Nacho López, Diegui y compañía, saben de la importancia que tiene el escudo que llevan pegado al corazón rodeado de esa tela azul, o al menos eso demuestran en el campo. Pocos saben que ese escudo es el motivo por el que bajamos al barro todos juntos. Ese escudo por el que rompimos la gran mayoría nuestras huchas y destinamos nuestros ahorros por mantener viva esta pasión llamada Real Oviedo cuando nos la quisieron quitar en 2012.

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Pocos componentes de la plantilla son conscientes de que somos nosotros los que sufrimos por cada derrota, somos nosotros los que nos dejamos el alma por ver ese escudo latir, somos nosotros los que no dejamos descansar nuestro compromiso, el cual cada vez que dicen el “necesitamos a nuestra gente el domingo o sábado de turno apoyándonos a muerte” parece que ponen en duda, somos nosotros los que pagamos lo que haga falta, no solo por mantener viva esta pasión, sino por verla vivir y vestirla.

A lo mejor no es justo reprochar nada a estos jugadores, puesto que es cierto que nos sacaron del barro, pero ellos mismos y alguno más nos metieron prisa cuando pisábamos con pies de plomo. Nos metieron prisa al hablar del ascenso, y nos lo metieron en la cabeza hasta llegar al punto de ilusionarnos y convencernos de que era el objetivo real. A día de hoy lo sigue siendo, pero creo que este objetivo era más apropiado a la primera versión que vimos esta temporada que a la que estamos viendo. Quizás a esta versión le pega más la permanencia como objetivo, pero no, ese objetivo ya se logró y el hombre que lo cumplió y podía seguir cumpliendo objetivos hoy no está.

No se puede salir al campo a verlas venir como se ha estado haciendo en los últimos partidos. No se puede jugar un partido sin ritmo, sin moverse, prácticamente andando, sin control, en resumen, sin timón. Salvo ya las ocasiones de gol que no entran, puesto que eso ya es suerte, puedes tener el día o no. Si algo hemos aprendido estos años es que el fútbol es un deporte en el que hay veces que se gana y otras que se pierde, evidentemente. Pero la clave está en que las veces que se gana se haya merecido ganar, y las veces que se pierde, se pierda o bien porque el rival es mejor que nosotros, o bien porque no hemos tenido la suerte de nuestro lado pese a darlo todo. Estas dos claves, son las que hacen que una afición, repito, en mi humilde opinión, se sienta identificada y consecuentemente se enganche de un equipo.

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Quedan cinco partidos, seguramente esta semana salgan diciendo que son cinco finales, como las ocho finales que quedaban, las siete, las seis…etc. A lo mejor la clave no está en pedir el apoyo de la afición delante de unos micrófonos, sino darlo todo en el campo, vaciarse para que la gente se sienta identificada con el juego puesto que animar siempre vamos a animar. No hay que ser muy listo para saber que si eres aficionado de un equipo quieres lo mejor para él. Queremos que os salga todo y juguéis bien, puesto que son nuestros intereses los que están en juego, pero el camino que estáis siguiendo puede no ser el correcto. Siempre os hemos animado y creo que estamos en una posición privilegiada para exigiros que lo deis todo por esa camiseta que os está dando de comer. Así que señores, vamos a espabilar porque quedan cinco partidos, con un poco de suerte y actitud serán nueve, para hacer feliz de nuevo a una afición que lo merece todo y que ni de lejos merece el juego que llevan arrastrando varias jornadas sus hombres.

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Puede estar de más la frase que citaré a continuación, a lo mejor no es apropiada, pero dada la situación que atravesamos, creo que sería lo mejor para todos. Esta frase tiene un autor y no podía ser otro que aquel sabio argentino, humilde, caballero y oviedista que nos dejó sin quererlo un lema que llevaremos siempre: “entrenen, compitan y cállense la boca”.

Por supuesto, podemos revertir la situación, y la receta que un servidor manda a nuestros futbolistas tiene tres ingredientes fundamentales en el espíritu carbayón: ¡Orgullo, valor y garra!

¡Hala Oviedo!

Manu Gutiérrez

Manu Gutiérrez

Estudiante de periodismo. Escribo sobre la actualidad e información del Real Oviedo para @Falso9Sports en @F9RealOviedo.
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